Cuerpo Especial

Qué hace un jurista de Instituciones Penitenciarias

Funciones dentro del centro, las cuatro pruebas de la oposición y lo que viene después, contado por Cecilia Pollos.

Pablo Álvarez9 min de lectura

Mesa de despacho dentro de un centro penitenciario con expedientes atados en pila, un sello sobre la mesa y una ventana enrejada al fondo

Imagina tu primer día de trabajo en un centro lleno de hombres condenados por delitos de violencia de género. Y que la jefa eres tú.

Cecilia Pollos es jurista del Cuerpo Superior de Técnicos de Instituciones Penitenciarias. Ha pasado por cinco centros penitenciarios, ha sido subdirectora de régimen en dos de ellos, presidenta de ATIP, secretaria de un tribunal de oposición y autora de cuatro libros. Hoy trabaja como consejera técnica en la Secretaría de Estado de Igualdad.

Estuvo en el canal para contar lo que casi nadie explica de esta profesión: qué se hace de verdad, cómo se aprueba y qué viene después.

Qué hace un jurista dentro de una prisión

No trabaja solo. Forma parte de un equipo técnico con trabajadoras sociales, psicólogos y educadores, y el objetivo del equipo es el mismo: estudiar las circunstancias de cada persona que entra, identificar sus necesidades criminógenas y trabajar sobre ellas para que, al salir, no reincida.

Dentro de ese equipo, el jurista se ocupa del ámbito penal, procesal y de buena parte del penitenciario:

  • Estudiar la trayectoria delictiva de cada interno.
  • Asesorar jurídicamente, tanto a los internos como al equipo directivo.
  • Elaborar informes para las autoridades judiciales.
  • Formar parte de órganos colegiados: comisión disciplinaria, junta de tratamiento, equipos técnicos.
  • Participar en programas y actividades de tratamiento.
  • Valorar, con el resto del equipo, si un interno tiene derecho a un permiso de salida o está preparado para un tercer grado.
  • Trabajar en los servicios de gestión de penas y medidas alternativas o en los departamentos de igualdad.

Es una profesión compleja, con normativa muy dispersa —una de las razones por las que Cecilia acabó escribiendo un libro para reunirla— y bastante desconocida fuera del sistema.

La oposición: cuatro pruebas

El acceso al Cuerpo Superior de Técnicos, especialidad jurídica, tiene cuatro ejercicios:

  1. Tipo test.
  2. Examen oral, el temido «cante».
  3. Idioma, a elegir.
  4. Caso práctico, de cuatro horas.

Cecilia aprobó en la segunda convocatoria, después de suspender el segundo ejercicio en la primera. Tardó alrededor de año y medio dedicándose sólo a estudiar.

Y señala un error concreto de aquel primer intento: preparaba el test con academia, pero el oral se lo preparó por su cuenta. Su consejo es tajante: en una oposición así no te prepares solo. Ni el oral ni los prácticos. Preparador o academia, todos los simulacros que haya que hacer, y una organización seria.

En eso coincidimos: juristas es una oposición muy de tú a tú, donde lo que marca la diferencia es el trabajo individual sobre la exposición.

Cómo estudiaba: seis horas, y dormir sin despertador

Su rutina no era la de las diez horas diarias. Rondaba las seis horas al día, con más carga en los días previos al examen. Lo llamativo es lo que había alrededor:

  • Dormir sin despertador. Lo que el cuerpo pidiera. Para ella era la condición para rendir después.
  • Deporte a diario. No como capricho: el ejercicio aeróbico favorece la neurogénesis, la memoria y el aprendizaje, y además permite desconectar. Viene de cinturón negro de taekwondo, y ese hábito de disciplina se traslada.
  • Alimentación cuidada.
  • Un día entero de descanso a la semana, con vida social.

Y una cosa más, que ella pone al mismo nivel que las horas: el entorno.

Rodéate de gente que te motive y que crea en ti, aunque lo primero es que creas tú. Y aléjate de quien no te ayuda a evolucionar.

Lo cuenta en primera persona: durante el primer año de oposición tenía una relación de pareja tóxica. El segundo año la dejó, se centró exclusivamente en la oposición y aprobó. No lo plantea como anécdota, sino como parte del método.

Elige la oposición por el trabajo, no por las condiciones

Es su consejo más rotundo para quien todavía está decidiendo.

Elegir una oposición sólo por el horario, el sueldo o la estabilidad es un error que se paga a largo plazo: acabas quemado, desmotivado y perjudicando al servicio público al que perteneces. Infórmate de en qué consiste el trabajo y elige uno que creas que te va a llenar.

Sobre ser funcionario, lo positivo que destaca es la estabilidad económica y, sobre todo, la conciliación: en general se concilia mejor que en el sector privado. Y añade un principio que repite varias veces:

Si en algún momento tienes que elegir entre vida personal y vida profesional, prioriza la personal.

Lo negativo, dice, es que te cierras otras puertas. Pero lo relativiza: ser autónomo también tiene sus contras. Depende del estilo de vida que quieras.

De jurista a subdirectora de régimen

El salto a un puesto directivo cambia el trabajo por completo. Como subdirectora de régimen era responsable de la oficina de gestión, donde se llevan los expedientes penitenciarios de todas las personas internas:

  • Revisar que todo quede correctamente grabado en el sistema informático penitenciario: delitos, condenas, vicisitudes procesales y penitenciarias.
  • Comprobar en el sistema que los condenados por violencia de género con órdenes de alejamiento estén reflejados como tales, porque no siempre viene recogido.
  • Coordinar conducciones y traslados con la Guardia Civil.
  • Comunicaciones con el centro directivo.
  • Hacer de mando de incidencias cuando toca.
  • Y las informaciones reservadas: investigar internamente lo ocurrido ante un fallecimiento u otros sucesos graves.

Esa última parte es la que más le gustaba. Investigar, estructurar, reconstruir lo que pasó.

El papel de la mujer en prisión

Más del 90 % de la población reclusa son hombres, y durante décadas el personal también lo fue. Cuando las mujeres empezaron a ocupar puestos —y sobre todo puestos directivos—, aparecieron los problemas.

Cecilia venía de un ambiente igualitario, el universitario y el deportivo, y le sorprendió lo que encontró: comentarios sexistas, faltas de respeto, la sensación de tener que esforzarse el doble. Lo vivió especialmente al pasar a subdirectora, y también después en servicios centrales. Matiza que no todo el mundo trata así, y que hay hombres y mujeres que tratan correctamente.

También cuenta, sin adornos, que la situación más dura que ha vivido en el ámbito penitenciario fue una situación de acoso laboral y sexual. Entonces no existían los protocolos ni la concienciación de ahora; lo que sí tuvo fue apoyo laboral y personal, y lo señala como lo determinante. Lo comparte, dice, para que sirva a otras personas: muchas víctimas de acoso no se reconocen como tales.

Su libro Mujeres en la administración penitenciaria, escrito con la también jurista Ester Montero, aborda la situación de las mujeres en la institución en sus dos papeles: como funcionarias y como internas.

La solución que propone: formación

Cuando se le pregunta cómo se arregla, no habla de sanciones. Habla de selección y formación.

Primero, el perfil de acceso. Hoy no hay ninguna criba psicológica en las pruebas, y a su juicio es un error: trabajar en prisión pide estabilidad emocional, baja impulsividad y habilidades sociales y emocionales.

Segundo, formación continua para todo el personal —especialmente vigilancia interior— en:

  • habilidades sociales e inteligencia emocional;
  • defensa personal, entendida no sólo como física sino también verbal;
  • uso adecuado de medios coercitivos;
  • igualdad y prevención de la violencia contra las mujeres.

Con eso resuelto, sostiene, se solucionan muchos conflictos y las diferencias entre hombres y mujeres en la intervención se reducen solas.

Sobre los grupos específicos de intervención: le parecen una buena alternativa, siempre que no se escojan sólo hombres. Y explica por qué con un argumento operativo, no ideológico: ante un conflicto, hay internos que se envalentonan frente a un hombre porque lo ven como rival, y otros a los que la presencia de una mujer no les calma en absoluto. Por eso conviene que la presencia sea mixta y, sobre todo, conocer bien a la persona con la que vas a intervenir.

Seguridad y tratamiento no compiten

Sobre la distancia que a veces se abre entre equipos de tratamiento y vigilancia interior, es muy directa:

Seguridad y tratamiento van interrelacionados, y quien no entienda esto no entiende cómo funciona el sistema penitenciario.

Y sitúa el origen del problema antes de entrar: en la preparación. Que los preparadores enseñen desde el principio que todos los cuerpos son igual de importantes. Una vez dentro, alejarse de quien crea que sus funciones son las importantes y las demás no.

Donde las actividades de tratamiento se organizan implicando a vigilancia interior y a tratamiento, funciona. El problema real suele ser de falta de personal y de recursos, no de voluntad.

Una reivindicación pendiente: el nivel de los puestos

Es lo que más le indigna de toda la conversación. Las subdirecciones de los centros penitenciarios, incluida la administración, siguen teniendo nivel 25.

Para la responsabilidad que soporta un subdirector —incidencias todos los días, implicación total— le parece indefendible. Su propuesta: al menos nivel 28 para las subdirecciones y nivel 30 para las direcciones, como ya ocurre en Cataluña.

Reconoce que las condiciones han mejorado desde que ella se fue, en parte por el trabajo de la asociación y en parte por la propia secretaría general. Pero el nivel sigue igual.

Y eso explica en buena medida el trasvase de juristas y psicólogos hacia otros ministerios: no es sólo el sueldo, es la posibilidad de consolidar un grado mayor y de desarrollarse profesionalmente. Salir de instituciones penitenciarias, dice, es muy difícil.

Lo que aprendió en el tribunal

Estuvo un año como secretaria de un tribunal de selección del Cuerpo Superior. Sus consejos para el examen oral:

  • Saber el temario, obviamente, y ajustarse a los tiempos: tres preguntas, unos quince minutos cada una.
  • Expresarse de forma ordenada y clara, transmitiendo que sabes de lo que hablas.
  • La imagen influye. No hace falta ir hecho un pincel, pero no puedes presentarte en chándal.
  • Los nervios se dan por descontados y no penalizan. Lo que se valora es que se note que puedes desempeñar el puesto.

Si te toca esa prueba, la técnica está desarrollada en cómo exponer un tema o un supuesto ante el tribunal.

Y una última idea

Cerró la entrevista con algo que no tiene que ver con oposiciones y sí con todo lo demás: que las reivindicaciones se hagan con respeto, porque si quieres influir en alguien primero tienes que ganarte su confianza. Las críticas que no son constructivas no le hacen ningún bien a la institución.

Puedes seguir su trabajo y sus libros —Quizás lo entiendas, Mujeres en la administración penitenciaria, Jurista penitenciario: lo que nadie te enseña y La gestión penitenciaria de la violencia de género— desde los enlaces de la descripción del vídeo.

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