Supuestos prácticos

Cómo exponer un tema o un supuesto ante el tribunal

Estructura, voz, pausas, trato al tribunal y los errores que restan puntos cuando hay que exponer en voz alta.

Pablo Álvarez8 min de lectura

Opositor sentado frente a una mesa de tribunal, leyendo en voz alta un supuesto mientras los miembros toman notas

Hay opositores que llegan al examen oral sabiéndoselo todo y salen convencidos de que no han demostrado nada. Se sientan delante del tribunal, empiezan a leer y les tiembla la voz; van demasiado rápido, no levantan la vista, contestan con evasivas a la primera pregunta. El conocimiento estaba. Lo que falló fue la exposición.

La buena noticia es que esa parte se entrena. La exposición oral —el «cante» de un tema de memoria o la lectura de un supuesto que has redactado tú— tiene técnica propia: una estructura, un ritmo, unas fórmulas de trato y una lista de errores conocidos. Esto es lo que llevo aplicando en las tres oposiciones que he aprobado y lo que trabajo con mis alumnos.

Qué valora de verdad el tribunal

Antes de la voz y de los gestos está el fondo, y el fondo se reduce a dos palabras: claridad y coherencia.

Coherencia significa contestar a lo que te preguntan. Parece obvio y es el error más repetido: respuestas ambiguas que hablan de una cosa, luego de otra, que dejan todo abierto a interpretación y nunca se mojan. Hay que mojarse. El tribunal quiere saber cuál es tu criterio, no un recorrido por todas las opciones posibles.

Claridad significa vocabulario preciso. En una oposición con carga jurídica no basta con proponer una resolución: hay que citar el artículo, la ley o la norma en que te fundamentas. Cuanta más riqueza léxica tengas, mejor sales de cualquier pregunta que te planteen —y te van a plantear alguna que no esperabas—.

Este año, en el Cuerpo Especial de acceso libre, han delimitado el espacio del que dispone el opositor para responder. La razón es sencilla: había quien escribía sin freno. Exposiciones larguísimas que no van a ningún sitio y no dicen nada.

Cómo dirigirte al tribunal

De usted, siempre. Aunque ellos te tuteen. El trato es formal, respetuoso y, dentro de eso, natural.

Antes de empezar suele haber unos minutos distendidos: mientras sacan la fotocopia del supuesto te preguntan si llevas mucho opositando, si ves difícil el examen, si preparas por libre o en academia. Ahí se conversa con normalidad. La exposición empieza después.

Ten preparadas tus fórmulas. No las improvises el día del examen:

  • Apertura: «Buenos días. Con la venia del tribunal, doy comienzo a mi exposición sobre los supuestos planteados».
  • Transiciones: «A continuación…», «Por otra parte…», «En relación con los hechos descritos…», «Pasamos ahora a la segunda pregunta», «Por último, me gustaría remarcar…».
  • Cierre: ponerte a disposición del tribunal «para las preguntas que estimen oportunas».

Esas transiciones no son relleno: son lo que enlaza una pregunta con la siguiente y convierte la lectura en algo hilado en lugar de una sucesión de bloques.

Si te preguntan, no discutas

Lo normal es que después de la exposición haya preguntas. Es bueno que las haya: te dan la oportunidad de rebatir y de sumar.

Lo que no puede pasar es que entres en un debate para imponer tu criterio. He visto opositores enzarzarse con el tribunal y suspender. Hay que ir con humildad, sin aparentar que lo dominas todo. Si hay algo que no sabes, se dice: «esta cuestión no la tengo controlada». No pasa nada —te puntúan por lo que sí sabes—, y queda mucho mejor que inventar.

Y dirígete al tribunal en conjunto. Aunque tengas al presidente enfrente y al secretario al lado, la mirada va rotando sobre todos. Todos puntúan.

La estructura de una lectura de supuesto

Cuando leas un supuesto que has redactado, sigue siempre el mismo esqueleto:

  1. Enunciado. Delimita el problema central: qué te están preguntando exactamente.
  2. Análisis. Extrae del enunciado los datos que van a determinar la respuesta.
  3. Marco normativo. El artículo, la ley, el alcance.
  4. Solución. Tu propuesta de resolución.
  5. Justificación. Por qué esa y no otra.
  6. Cierre.

En derecho puede haber varias respuestas válidas, o llegar a la misma por vías distintas. Por eso en clase me interesa que cada alumno exponga su enfoque: se aprende más de cinco formas de argumentar lo mismo que de una sola repetida cinco veces.

Una manera cómoda de armarlo es hacer primero la síntesis de los hechos y después la referencia legislativa: «de acuerdo con el artículo 15 del TREBEP…», «según el artículo 3 de la Ley de Contratos…». Así la propuesta llega ya justificada.

Cómo responder: el método PREP

Para las preguntas del tribunal ten un molde fijo en la cabeza. Punto, razón, ejemplo, punto:

  • P — Punto. Responde directamente a lo que te preguntan.
  • R — Razón. Explica por qué esa respuesta es la correcta.
  • E — Ejemplo. Datos concretos del caso.
  • P — Punto. Cierra reafirmando.

Con un ejemplo real:

No cabe recurso especial en este contrato, porque el valor estimado es inferior a 100.000 euros. Los contratos de suministros y servicios como el presente, cuando no alcanzan esa cifra, no son susceptibles de recurso especial. Para concluir, el artículo 44 de la Ley de Contratos establece que, cuando no cabe recurso especial, podrán interponerse los demás recursos administrativos.

Dale tres o cinco segundos para pensar antes de arrancar, y que la respuesta dure entre treinta segundos y un minuto. Y no interrumpas: espera siempre a que terminen de preguntar. Las ganas de contestar hacen que a veces ni les dejes acabar la frase.

La voz: tono, ritmo y pausas

Los miembros de un tribunal llevan horas, días y semanas escuchando. Si les hablas en un tono plano, se duermen. Si les hablas a toda pastilla, no se enteran de nada y no sabrán si lo has hecho bien o mal.

  • Variedad tonal. Sube y baja el volumen para enfatizar las ideas clave. Si todo suena igual, nada parece importante.
  • Ritmo. Entre 120 y 140 palabras por minuto. Es fácil de medir: pega tu texto en un contador de palabras, cronométrate leyéndolo y ajusta.
  • Pausa antes del dato crítico. No es lo mismo decir «como el contrato tiene un valor estimado de 100.000 euros no cabe recurso especial» que parar, mirar arriba y decir: «no cabe recurso especial… porque el valor estimado no alcanza los 100.000 euros». Lo segundo se oye.
  • Volumen medio-firme. Una voz firme transmite seguridad y conocimiento. Si titubeas, se nota.

Un truco de lectura: mantén la vista tres o cuatro palabras por delante de lo que estás pronunciando. Es lo que te permite levantar los ojos sin perder el hilo.

El cuerpo también puntúa

  • Postura erguida y estable. El supuesto se lee sentado; el cante suele ser de pie.
  • Manos encima de la mesa y visibles. Gesticula con ellas para marcar los puntos clave. Cruzarse de brazos es cerrarse en banda.
  • Contacto visual repartido. Levanta la vista cada poco, sobre todo cuando vayas a remarcar algo. Mirar hacia abajo todo el rato transmite inseguridad; clavar la mirada fija en una persona es agresivo.
  • Sonrisa leve al inicio. Rompe el hielo, si es genuina.
  • Desplazamientos mínimos. En el cante, quieto y recto. Nada de deambular.

El tiempo: no es lo mismo cantar que leer

En el Cuerpo Superior de Técnicos de Instituciones Penitenciarias se cantan tres temas con quince minutos por tema. Ahí el reloj es parte del examen: ceñirse a los quince minutos. Hay quien acorta muchísimo y suspende por eso. A mí me pasó un año: fui demasiado rápido, salí pensando que me había salido bien y no superé el ejercicio.

En la lectura de un supuesto que ya has redactado no tienes esa presión. Tienes todo el tiempo del mundo, así que marca bien las pausas, habla con coherencia y mira al tribunal. No eres una locomotora expulsando ideas.

La ropa

Vístete bien, de forma sobria y cuidada, evitando estridencias. Por muy alternativo que seas, resérvalo para tu día a día.

Hace dos años, uno de los mejores del Cuerpo Especial —redactaba de maravilla— se presentó a leer los supuestos en chándal, con zapatillas, gorra y la mochila del gimnasio. Hizo un examen genial y no entendía cómo había suspendido. En un A1 o un A2 vas a ser mando de una prisión: representas a la institución, y eso se espera que se note.

Los nervios

Estar activado es normal y hasta conveniente. Lo que perjudica es el exceso.

Si te citan con cuatro o cinco personas antes, aprovecha esa espera. La técnica que uso: inspirar 4 segundos, mantener el aire 2, espirar algo más lento. Focalizar toda la atención en la respiración tranquiliza sin que te des cuenta. Y ten un ancla: tu idea principal, a la que vuelves si te pierdes.

Errores que restan puntos

En una prueba con componente subjetivo, entre aprobar y suspender están estos matices:

  • Nerviosismo visible y titubeo.
  • Falta de contacto visual, sobre todo mirar hacia abajo.
  • La mirada fija y sostenida, que resulta agresiva.
  • Tono monótono, sin inflexiones.
  • Muletillas y repeticiones: «eh», «bueno», «entonces», «pues», «vale».
  • Respuestas ambiguas que no se mojan.
  • Entrar en debate con el tribunal.
  • Tutear.
  • Ir demasiado rápido y comerse el tiempo asignado.

Cómo entrenarlo

Nadie mejora esto leyendo sobre ello. Se mejora haciéndolo:

  1. Grábate en vídeo. No te vas a gustar; da igual. Yo tampoco me gusto, repito tomas constantemente y no soy el mismo que grabando el primer vídeo.
  2. Simulacros cronometrados, en tiempo real y con el reloj a la vista.
  3. Guion con marcadores clave, un esquema de las fórmulas y transiciones que vas a usar.
  4. Practica la locución en voz alta, no mentalmente.
  5. Simula las preguntas con compañeros haciendo de tribunal.
  6. Revisa el vídeo buscando muletillas, postura y posición de manos y pies.

En los grupos de Esfera esto se hace en clase: expones tu supuesto y se corrige delante del grupo. Si quieres ver cómo está montado el ciclo semanal, lo tienes en la metodología; y si lo que te preocupa es el fondo y no la forma, empieza por cómo abordar los supuestos prácticos.

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