Método de estudio
Cómo preparar un examen tipo test de oposición
Un test de oposición no lo gana quien más sabe, sino quien menos puntos regala. Y eso son matemáticas, no suerte.
Pablo Álvarez7 min de lectura

Hay opositores que se saben el temario y suspenden el test. No es mala suerte: es que un test no mide sólo lo que sabes, mide lo que sabes menos lo que regalas. Y lo que se regala tiene reglas fijas, conocidas de antemano y publicadas en el BOE.
Este artículo va de esas reglas. No de consejos genéricos de estudio, sino de la mecánica concreta: qué resta un error, cuándo compensa arriesgar, cuánto tiempo tienes por pregunta y qué se hace con las dudosas.
Las reglas del test, tal y como están escritas
Tomamos como referencia la convocatoria del Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias de 2026, porque es la que más gente prepara. El primer ejercicio tiene dos partes que se hacen el mismo día, seguidas:
| Primera parte: test | Segunda parte: supuestos | |
|---|---|---|
| Preguntas | 120 | 40 (8 supuestos de 5) |
| Respuestas | 4, una sola correcta | 4, una sola correcta |
| Reserva | Hasta 3 adicionales | — |
| Duración | 1 h 45 min | 1 h 20 min |
| Puntuación | De 0 a 20 | De 0 a 20 |
| Mínimo para superarla | 10 puntos | 10 puntos |
| Errores | Restan un tercio de un acierto | Restan un tercio de un acierto |
| En blanco | No penaliza | No penaliza |
Dos consecuencias que conviene interiorizar antes de seguir. La primera: si no superas el test, no te corrigen los supuestos. La segunda: hacen falta 10 de 20 en cada parte por separado; no se compensan entre ellas.
Pablo lo explica aquí con ejemplos:
Cuándo compensa arriesgar: la cuenta que casi nadie hace
Aquí está el corazón del asunto, y no es opinable: se calcula.
Con cuatro opciones y un error que resta un tercio de acierto, la pregunta es qué te llevas en promedio cada vez que contestas. Basta multiplicar lo que ganas por la probabilidad de ganarlo, y restarle lo que pierdes por la probabilidad de perderlo.
Si respondes completamente al azar, sin haber descartado nada, aciertas una de cada cuatro veces:
¼ × (+1) + ¾ × (−⅓) = 0,25 − 0,25 = 0
Cero. Ni sumas ni restas. Contestar a ciegas las 120 preguntas te dejaría, a la larga, exactamente donde estabas. Por eso la penalización es de un tercio y no de otra cosa: está calculada para que el azar puro no dé ni quite.
Si has descartado una opción y dudas entre tres:
⅓ × (+1) + ⅔ × (−⅓) = 0,333 − 0,222 = +0,11
Ya es positivo. Si has descartado dos y dudas entre dos:
½ × (+1) + ½ × (−⅓) = 0,5 − 0,167 = +0,33
De aquí sale la única regla que hay que memorizar sobre esto:
En cuanto descartas una sola opción con criterio, contestar te conviene. No es una apuesta: es la jugada con más valor esperado. Dejar esa pregunta en blanco te cuesta puntos aunque parezca lo prudente.
Y su reverso: deja en blanco sólo aquello donde no puedas descartar nada. Una pregunta de la que no reconoces ni el artículo ni la materia, y donde las cuatro opciones te suenan igual de posibles, es la única que no merece la pena tocar.
El error de mentalidad que hay detrás
Mucha gente deja en blanco por miedo a “estropear” el examen, como si el error fuera un castigo moral. No lo es. Un error te cuesta 0,33 y un acierto te da 1: necesitas tres fallos para borrar un acierto. Quien deja veinte dudosas en blanco por prudencia está renunciando a unos dos puntos netos que sus competidores sí se llevan. En una oposición donde el corte se decide por décimas, eso es la plaza.
El reloj: haz la cuenta antes del examen
120 preguntas en 105 minutos son 52 segundos por pregunta. En los supuestos, 40 preguntas en 80 minutos: dos minutos por pregunta.
Esos 52 segundos no son el ritmo al que hay que ir: son el ritmo medio, e incluye lo que tardes en pasar las respuestas a la hoja y en repasar. Si quieres reservar diez minutos finales, tu ritmo real baja a unos 47 segundos.
Lo que esto significa en la práctica: hay preguntas que se contestan en diez segundos y otras que se llevan tres minutos si las dejas. Las de tres minutos son las que suspenden exámenes, no por difíciles, sino porque se comen el tiempo de otras diez que sabías.
La forma de evitarlo es decidir antes de entrar cuál es tu límite por pregunta —treinta segundos, cuarenta— y marcarla y seguir en cuanto lo pases. Vuelves después, con lo que sobre, y con la ventaja de haber visto el examen entero.
Las preguntas de reserva y las impugnaciones
Las tres preguntas de reserva no son un regalo ni un examen más largo: son las sustitutas. Cuando el tribunal resuelve las alegaciones y anula una pregunta impugnada, cada anulada se sustituye por una de reserva, por orden.
Dos consecuencias prácticas:
- Las de reserva se contestan igual de en serio que las demás. Si no las respondes y luego se anulan dos preguntas, entras al recuento con dos huecos.
- Impugnar sirve. Si una pregunta está mal formulada o tiene dos respuestas defendibles, el plazo de alegaciones existe para eso. No es una queja: es parte del procedimiento.
Qué se entrena, y cómo
Un test no se prepara “haciendo muchos tests”. Se prepara haciendo tests en condiciones, que es otra cosa:
- Con reloj y del tirón. Un bloque de 120 preguntas en 105 minutos, sin pausas y sin mirar nada. Hacer diez preguntas sueltas mientras estudias entrena la memoria, no el examen.
- Corrigiendo con la fórmula real, restando un tercio por error. Si te corriges contando sólo aciertos, tu nota es una ilusión: no se parece a la que te va a salir.
- Anotando por qué fallaste cada una. No basta con ver la correcta. Hay tres motivos distintos y cada uno se arregla de otra forma: no lo sabía (estudiar), lo sabía y leí mal (ritmo), o lo sabía y dudé (seguridad).
- Repasando los fallos a los pocos días, no el mismo rato. Volver sobre la pregunta fallada cuando ya no recuerdas la respuesta es lo único que demuestra que la has aprendido.
Sobre cuánto tiempo dedicarle a todo esto, tenemos una guía aparte sobre las horas de estudio. Y como la segunda parte del ejercicio es de supuestos, conviene leer también cómo se afrontan los supuestos prácticos, que se puntúan igual pero se leen distinto.
Los cinco fallos que más puntos cuestan
- Dejar en blanco lo que se había descartado a medias. Es el más caro y el más común.
- Atascarse en una pregunta. Cada minuto de más ahí sale de otra que sabías.
- Cambiar respuestas al final sin motivo nuevo. Cámbiala si recuerdas el dato o si otra pregunta te lo ha aclarado; no por sensación.
- No contestar las de reserva.
- Corregirse en casa sin aplicar la penalización. Llegar al examen creyendo que vas por 80 cuando vas por 65.
Dónde entra esto
El test es la primera parte del primer ejercicio en el Cuerpo de Ayudantes y aparece, con sus propias reglas, en el Cuerpo Especial, en Gestión Civil del Estado y en prácticamente cualquier oposición de la Administración. La fórmula de penalización cambia de una convocatoria a otra —hay quien resta un cuarto y quien no resta nada—, así que lo primero que hay que leer de unas bases es cuánto resta un error: toda la estrategia depende de ese número.
Las bases completas de la convocatoria de Ayudantes, con el resto de plazos y requisitos, están en su propia guía, y las normas oficiales, en nuestro panel de documentación.
Empieza a preparar tu plaza
Si preparas una oposición de Instituciones Penitenciarias, mira la de Ayudantes o la del Cuerpo Especial.



